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La eterna pregunta, con una respuesta que parece clara, pero que si la estudiamos un poco veremos que no lo es tanto. Damos por hecho que comer más cantidad por la noche nos engorda, dado que por la noche no se queman esas calorías ingeridas y tenderán a almacenarse. Pero ya sabemos de sobra que a veces plantemos mal las dudas y, en este caso, el problema no es tanto el cuándo, sino el qué, el cuánto y el quién.

 

Es bien sencillo, el cuerpo aumenta o disminuye el peso, en función de la relación entre calorías ingeridas y calorías utilizadas. Esto es entre la

alimentación y actividad física. A más actividad más alimentos harán faltan para cubrirlas o, dicho de otra forma, a menos alimentación menos ejercicio será necesario para quemar esas calorías. Todo dependerá de cual sea nuestro objetivo.

Sin embargo, a la obviedad de que la cena debe ser floja, quiero aclarar el motivo y como se puede variar esto en función de las variables sin ningún problema. Hay que entender que los alimentos es la forma que tenemos de recargar de energía al organismo, de darle como muy comúnmente se dice, gasolina al cuerpo. Por lo tanto esta gasolina se necesitará cuando el cuerpo se mueva que será cuando la necesite, pero como esto no es tan sencillo como pensar que los alimentos que entran por la boca inmediatamente serán utilizados, lo más lógico será tomar una comida más contundente cuando empezamos el día, no tanto por su uso, que también, sino por las sensaciones de saciedad y necesidad que nos surgirá  de un mal racionamiento a lo largo del día.

El desayuno debe ser fuerte, porque sabemos que tenemos todo el día por delante, el almuerzo debe tener doble intención, calmar el hambre desde el desayuno y disminuirlo para la comida, así la comida debe ser mediana, la merienda tiene el mismo fin que el almuerzo, para llegar al final del día por la noche con menos hambre, y sabiendo que por la noche no vamos a tener necesidad de comer, una cena ligera será lo correcto siempre que la suma total de las calorías repartidas durante el día sea la óptima. Este es el verdadero motivo del porque cenar ligero, porque si lo planteamos al contrario no tiene ningún sentido. Os imagináis, desayunar poco porque como tengo todo el día por delante pues para qué,almorzar si me apetece, comer fuerte porque tengo hambre (¡faltaría más!), merendar algo si lo pillo, y claro… dado que las caloría que he ido ingiriendo a lo largo del día no cubren las necesidades, llego a lacena con más apetito de lo que debería, y me hincho, con el riesgo que supone que muy probablemente lo haga con alimentos no sanos porque es lo que me apetece. Y de este modo, si lo hago al revés un día, no ocurre nada, pero si se repite en el tiempo, los hábitos adquiridos repercutirán negativamente.

Recapitulando, cenar más no engorda más porque sí, el hecho de que la cena deba ser ligera es por que la repartición de calorías durante el día ha debido ser la correcta. Además, hay que tener en cuenta como siempre el tipo de alimentos que se ingieren, eliminando los de rápida absorción pero sabiendo que los de lenta no generarán problemas, cuidando las cantidades, y por último entendiendo quién soy y que quiero conseguir, porque si es evidente que para bajar peso debo comer menos, para subir debo comer más.

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